Programa del curso: Novela. Técnicas y escritura
Primer trimestre1 - La planificación de la novela
2 - La estructura de la obra I
3 - La estructura de la obra II
4 - La elección de la voz narrativa
5 - El estilo y el tono
6 - El tiempo y el ritmo
Segundo trimestre7 - La caracterización de los personajes
8 - La voz del personaje (los diálogos)
9 - Los detalles, el espacio, la ambientación
10 - El papel del lector y las expectativas
11 - Verosimilitud, concreción, naturalidad
12 - Desenlaces y visiones del mundo
Tercer trimestre13 - La trama de la historia
14 - El escritor frente al bloqueo
15 - La mirada del personaje
16 - Mortalidad y muerte del personaje
17 - Lo imprevisto, el suspense
18 - La escritura y la vida. El compromiso del escritor
Vistas de página en total
domingo, 17 de octubre de 2010
Me escribe desde Roma un antiguo compañero de carrera. Me dice que está preparando dos novelas, pero que supone que tardará mucho en escribirlas. Yo le deseo «ánimo y suerte» y me responde que esperaba algún consejo por mi parte.
No doy consejos sino al que me los pide, porque no me gusta ir de maestro literario de nadie; la literatura es el reino de la susceptibilidad y a nadie le gusta que le echen la lección, si no la ha pedido antes. Una vez, también en la Universidad, un compañero me pidió que le enseñara a escribir, y casi me dio un susto. Pero este amigo de Roma quería que le dijera algo, y se lo dije.
Según mi experiencia, un libro sólo se escribe si es una prioridad para uno mismo. Es decir, si estamos rodeados de cosas que son más importantes para nosotros que nuestro libro, nunca lo escribiremos. Un libro es una amante celosa y absorbente, y sólo acabaremos el libro si le dedicamos todos nuestros pensamientos. Cuando digo esto me refiero a que hay que convertirlo en una obsesión, y que nos acompañe a todas partes, porque las ideas surgen no sólo cuando estamos delante del ordenador.
Para mí es muy importante avanzar en mi libro todos los días, escribir algo, aunque sea poco, porque así siento que está en marcha, que va creciendo. Si abandonamos el trabajo unos días, unas semanas, un mes. es posible que nunca volvamos sobre él. Un libro abandonado es muy difícil de recuperar. Nos meteremos en otro, pero ése lo dejaremos de lado, porque está, en cierto modo, muerto, sin sangre, y es muy difícil volver a dar vida a un organismo muerto. Los libros tienen vida propia, pero esa vida se insufla cuando se ha cerrado el círculo.
Yo recomiendo no perderse demasiado en la fase de documentación, o preparación, porque lo que hay que hacer es escribir el libro. Aunque hay que optar por un término medio: si no tenemos nada que decir, a no ser que tengamos un estilo deslumbrante, no interesará nada de lo que escribamos. Un libro hay que cogerlo por los cuernos y lanzarse a escribir, palabra a palabra, frase a frase, página a página, y si todo va bien veremos cómo avanzamos y los números del ordenador que marcan la extensión de nuestro libro irán creciendo.
Es muy útil hacerse un plan, un índice provisional, sobre lo que queremos escribir y contar, e ir llenando los títulos del índice con lo que vamos diciendo. Si necesitamos crear un capítulo nuevo, lo creamos; si hay que eliminar alguno, lo eliminamos.
Una vez que tengamos el libro terminado, que en realidad es un borrador, hay que revisarlo, varias veces. Pulir el estilo y muchas otras cosas. Conviene que lo lea alguien de nuestra confianza que sepa de esto, si es un buen escritor amigo nuestro -y que no quiera nuestro mal-, mejor.
Escribir un libro es una prueba de esfuerzo, una carrera de fondo, sí, y después de ella viene otra, muy fuerte: publicarlo. Una vez que está en las librerías, uno se lamenta porque se ha distribuido mal, o porque se vende mejor o peor, o porque ha sido mal comprendido, o porque los medios de comunicación no se hacen eco de él. Pero eso es quejarse de vicio. Un libro da muchas satisfacciones, y compararlo con un hijo es tópico pero verdadero. Hay que luchar por ellos sin descanso y tienen su propia vida, más allá de nosotros, sus autores, que ya estamos trabajando en otros libros o que nos hemos muerto.
No doy consejos sino al que me los pide, porque no me gusta ir de maestro literario de nadie; la literatura es el reino de la susceptibilidad y a nadie le gusta que le echen la lección, si no la ha pedido antes. Una vez, también en la Universidad, un compañero me pidió que le enseñara a escribir, y casi me dio un susto. Pero este amigo de Roma quería que le dijera algo, y se lo dije.
Según mi experiencia, un libro sólo se escribe si es una prioridad para uno mismo. Es decir, si estamos rodeados de cosas que son más importantes para nosotros que nuestro libro, nunca lo escribiremos. Un libro es una amante celosa y absorbente, y sólo acabaremos el libro si le dedicamos todos nuestros pensamientos. Cuando digo esto me refiero a que hay que convertirlo en una obsesión, y que nos acompañe a todas partes, porque las ideas surgen no sólo cuando estamos delante del ordenador.
Para mí es muy importante avanzar en mi libro todos los días, escribir algo, aunque sea poco, porque así siento que está en marcha, que va creciendo. Si abandonamos el trabajo unos días, unas semanas, un mes. es posible que nunca volvamos sobre él. Un libro abandonado es muy difícil de recuperar. Nos meteremos en otro, pero ése lo dejaremos de lado, porque está, en cierto modo, muerto, sin sangre, y es muy difícil volver a dar vida a un organismo muerto. Los libros tienen vida propia, pero esa vida se insufla cuando se ha cerrado el círculo.
Yo recomiendo no perderse demasiado en la fase de documentación, o preparación, porque lo que hay que hacer es escribir el libro. Aunque hay que optar por un término medio: si no tenemos nada que decir, a no ser que tengamos un estilo deslumbrante, no interesará nada de lo que escribamos. Un libro hay que cogerlo por los cuernos y lanzarse a escribir, palabra a palabra, frase a frase, página a página, y si todo va bien veremos cómo avanzamos y los números del ordenador que marcan la extensión de nuestro libro irán creciendo.
Es muy útil hacerse un plan, un índice provisional, sobre lo que queremos escribir y contar, e ir llenando los títulos del índice con lo que vamos diciendo. Si necesitamos crear un capítulo nuevo, lo creamos; si hay que eliminar alguno, lo eliminamos.
Una vez que tengamos el libro terminado, que en realidad es un borrador, hay que revisarlo, varias veces. Pulir el estilo y muchas otras cosas. Conviene que lo lea alguien de nuestra confianza que sepa de esto, si es un buen escritor amigo nuestro -y que no quiera nuestro mal-, mejor.
Escribir un libro es una prueba de esfuerzo, una carrera de fondo, sí, y después de ella viene otra, muy fuerte: publicarlo. Una vez que está en las librerías, uno se lamenta porque se ha distribuido mal, o porque se vende mejor o peor, o porque ha sido mal comprendido, o porque los medios de comunicación no se hacen eco de él. Pero eso es quejarse de vicio. Un libro da muchas satisfacciones, y compararlo con un hijo es tópico pero verdadero. Hay que luchar por ellos sin descanso y tienen su propia vida, más allá de nosotros, sus autores, que ya estamos trabajando en otros libros o que nos hemos muerto.
miércoles, 13 de octubre de 2010
A la hora de escribir un texto de creación literaria, trata de seguir estos 11 consejos:
1º Antes de ponerte a escribir, planifica mínimamente tu relato: Piensa antes cuál es la historia que vas a contar, en líneas generales: los personajes principales y los sucesos más importantes. Puede que incluso tú ya sepas el final antes de escribir la primera frase: eso no es malo.
2º Una vez que empieces a escribir, no te pares: Mantén la mano en movimiento. Escribe y escribe contando la historia con detalles (irán apareciendo a medida que escribas). Mientras escribas, no te preocupes de la puntuación, ni la ortografía ni la sintaxis. Eso lo tienes que corregir al final, cuando ya hayas terminado tu relato, no mientras lo escribes.
3º Mantén de principio a fin el mismo punto de vista del narrador : No saltes de la primera a la tercera persona, y viceversa, en mitad de la historia. (Por ejemplo: Andrés bajó las escaleras, salió a la calle y compró el periódico; lo hojeé y busqué hasta encontrar el número premiado en el cupón de la ONCE. Era el mío ...) ¿No ves el fallo? Tienes que ser capaz de mantener un mismo narrador de principio a fin de tu relato.
4º No cambies los tiempos verbales: Si pasas del pasado al presente sin darte cuenta de ello, cometes un error. Al igual que en el caso anterior, el salto al presente en un momento de máxima acción debe ser evitado: Entré en el banco y me crucé con Julián. Me reconoció en seguida. Salgo corriendo, cruzo la calle y me escondo en un portal ...
5º No utilices un lenguaje telegráfico : Describe el espacio, las conversaciones, los gestos y las acciones con una cierta lógica y extensión. No seas perezoso. La idea está clara en tu cerebro, así que pon todos los detalles que puedas.
6º Evita en lo posible el abuso de onomatopeyas y puntos suspensivos: Esto no es un cómic. En el lenguaje oral y coloquial tienen un uso fundamental y ayudan a la comunicación, pero en los textos escritos las onomatopeyas deben ser descritas a través de sus efectos. En vez de escribir: “ Esther se cayó de la silla. ¡Crash! ¡Ay!”; es mejor hacer una descripción: “ La silla crujió y se rompió haciendo un ruido seco. Esther cayó al suelo, se golpeó en la frente y dio un grito de dolor” .
7º Usa adjetivos y adverbios con moderación: a partir de una falsa idea de que lo literario es lo recargado, barroco y rebuscado, se tiende a tratar de imitar con un lenguaje que suena a “literario” a los grandes autores. Evita también, siempre que sea posible, la anteposición de adjetivos a los sustantivos. Si yo digo: “la blanca, esponjosa y blanda nieve caía mansamente sobre el tejado”, estoy desperdiciando palabras, porque la nieve, ya de por sí, no tiene más remedio que ser blanca, esponjosa, blanda y caer mansamente.
8º Escribe con palabras sencillas: Para contar bien una historia no es preciso acudir a palabras inusuales ni altisonantes, sino a la naturalidad, vivacidad y continuidad de las escenas. Si describes a un niño en la playa que dice: “Oh, papá. ¿Has observado qué bello es ese crustáceo que yace bajo los rayos del sol?” , nadie se lo cree, porque nadie habla así. Pregúntate: ¿Hablan los personajes de la vida real como les haces hablar tú a tus personajes dentro del texto?
9º Usa sustantivos concretos: No se trata de hacer tesis filosóficas sobre la soledad, la guerra o el amor, sino de contar historias imaginadas, pero concretas, empezando por los nombres propios de los personajes, locales, calles y ciudades. En lugar de árbol, escribe pino, fresno o acacia; en vez de coche , escribe Peugeot 205 rojo; no escribas un pueblo , sino Tordesillas; no un niño , sino Carlitos; no una flor , sino una rosa blanca; no una tienda , sino Electrodomésticos Bezoya.
10º Haz que tu historia tenga detalles y movimiento: Un cuento casi siempre debe contar “algo” (una historia, un conflicto, una escena, un suceso). Haz que ocurran “cosas” (no necesariamente tragedias), y que tus personajes se muevan y hagan gestos. Describe usando todos los sentidos (vista, oído, olfato...). En los detalles pequeños, visuales y tangibles está muchas veces la magia de una escena bien descrita que atrapa a los lectores.
11º Revísalo todo cuando termines: Corrige, modifica, tacha lo innecesario, añade detalles y unifica el texto. Ahora sí.
1º Antes de ponerte a escribir, planifica mínimamente tu relato: Piensa antes cuál es la historia que vas a contar, en líneas generales: los personajes principales y los sucesos más importantes. Puede que incluso tú ya sepas el final antes de escribir la primera frase: eso no es malo.
2º Una vez que empieces a escribir, no te pares: Mantén la mano en movimiento. Escribe y escribe contando la historia con detalles (irán apareciendo a medida que escribas). Mientras escribas, no te preocupes de la puntuación, ni la ortografía ni la sintaxis. Eso lo tienes que corregir al final, cuando ya hayas terminado tu relato, no mientras lo escribes.
3º Mantén de principio a fin el mismo punto de vista del narrador : No saltes de la primera a la tercera persona, y viceversa, en mitad de la historia. (Por ejemplo: Andrés bajó las escaleras, salió a la calle y compró el periódico; lo hojeé y busqué hasta encontrar el número premiado en el cupón de la ONCE. Era el mío ...) ¿No ves el fallo? Tienes que ser capaz de mantener un mismo narrador de principio a fin de tu relato.
4º No cambies los tiempos verbales: Si pasas del pasado al presente sin darte cuenta de ello, cometes un error. Al igual que en el caso anterior, el salto al presente en un momento de máxima acción debe ser evitado: Entré en el banco y me crucé con Julián. Me reconoció en seguida. Salgo corriendo, cruzo la calle y me escondo en un portal ...
5º No utilices un lenguaje telegráfico : Describe el espacio, las conversaciones, los gestos y las acciones con una cierta lógica y extensión. No seas perezoso. La idea está clara en tu cerebro, así que pon todos los detalles que puedas.
6º Evita en lo posible el abuso de onomatopeyas y puntos suspensivos: Esto no es un cómic. En el lenguaje oral y coloquial tienen un uso fundamental y ayudan a la comunicación, pero en los textos escritos las onomatopeyas deben ser descritas a través de sus efectos. En vez de escribir: “ Esther se cayó de la silla. ¡Crash! ¡Ay!”; es mejor hacer una descripción: “ La silla crujió y se rompió haciendo un ruido seco. Esther cayó al suelo, se golpeó en la frente y dio un grito de dolor” .
7º Usa adjetivos y adverbios con moderación: a partir de una falsa idea de que lo literario es lo recargado, barroco y rebuscado, se tiende a tratar de imitar con un lenguaje que suena a “literario” a los grandes autores. Evita también, siempre que sea posible, la anteposición de adjetivos a los sustantivos. Si yo digo: “la blanca, esponjosa y blanda nieve caía mansamente sobre el tejado”, estoy desperdiciando palabras, porque la nieve, ya de por sí, no tiene más remedio que ser blanca, esponjosa, blanda y caer mansamente.
8º Escribe con palabras sencillas: Para contar bien una historia no es preciso acudir a palabras inusuales ni altisonantes, sino a la naturalidad, vivacidad y continuidad de las escenas. Si describes a un niño en la playa que dice: “Oh, papá. ¿Has observado qué bello es ese crustáceo que yace bajo los rayos del sol?” , nadie se lo cree, porque nadie habla así. Pregúntate: ¿Hablan los personajes de la vida real como les haces hablar tú a tus personajes dentro del texto?
9º Usa sustantivos concretos: No se trata de hacer tesis filosóficas sobre la soledad, la guerra o el amor, sino de contar historias imaginadas, pero concretas, empezando por los nombres propios de los personajes, locales, calles y ciudades. En lugar de árbol, escribe pino, fresno o acacia; en vez de coche , escribe Peugeot 205 rojo; no escribas un pueblo , sino Tordesillas; no un niño , sino Carlitos; no una flor , sino una rosa blanca; no una tienda , sino Electrodomésticos Bezoya.
10º Haz que tu historia tenga detalles y movimiento: Un cuento casi siempre debe contar “algo” (una historia, un conflicto, una escena, un suceso). Haz que ocurran “cosas” (no necesariamente tragedias), y que tus personajes se muevan y hagan gestos. Describe usando todos los sentidos (vista, oído, olfato...). En los detalles pequeños, visuales y tangibles está muchas veces la magia de una escena bien descrita que atrapa a los lectores.
11º Revísalo todo cuando termines: Corrige, modifica, tacha lo innecesario, añade detalles y unifica el texto. Ahora sí.
• Encima de la mesa (o muy cerca) necesitas tener siempre un buen diccionario de consulta. Hay muchos, pero yo te recomiendo Clave: diccionario de uso del español. Madrid, Ediciones SM, 1998.
• Y un libro para arrancar a escribir. Es bastante mejor que lo que parece a primera vista. Me refiero a El gozo de escribir , de Natalie Goldberg . Madrid, Ed. Los libros de la liebre de marzo, 1998.
RESUMEN
1. Busca un lugar (una habitación, una mesa, un rincón, una biblioteca) donde puedas escribir sin demasiadas interrupciones.
2. Planifica tu tiempo y reserva una hora para la escritura. Tienes que encontrar la que mejor se adapte a tu ritmo de escritura. Defiéndelo como una conquista personal.
3. Entra en la escritura con el mismo espíritu con el que un niño entra en el juego. Sumérgete en ella hasta que sólo existas tú y tu cuaderno.
4. Encuentra el tiempo y lugar más apropiado para ti. Prueba a escribir en distintos lugares y a distintas horas.
5. Prueba a escribir también con distintos materiales (hojas en blanco, un cuaderno cuadriculado, una máquina de escribir, un ordenador personal; con pluma, bolígrafo o lápiz...).
6. Recuerda que no hay lugares, tiempo o materiales que sean unos mejores que otros. Valen los que a ti te valgan. Y, a veces, conviene variar.
PONTE A ESCRIBIR
Redistribuye tu tiempo y tu espacio. Hazte un plan para empezar a escribir cada día en un lugar y una hora determinadas. Reserva un espacio privado; puede ser una mesa, un cajón, un estante de la librería, una carpeta con separadores, una caja de zapatos..., donde almacenar tus materiales preferidos de escritura: cuaderno, folios, lápiz, pluma, apuntes o libros sobre el tema. Defiende ese pequeño territorio y tiempo de libertad e independencia tuya con firmeza, o en un escondite o, si es necesario, con llave. Ponlo en marcha. No te desanimes. A las cuatro semanas nadie, ni siquiera tú, podrá dudar que ese espacio y ese tiempo te pertenece.
• Y un libro para arrancar a escribir. Es bastante mejor que lo que parece a primera vista. Me refiero a El gozo de escribir , de Natalie Goldberg . Madrid, Ed. Los libros de la liebre de marzo, 1998.
RESUMEN
1. Busca un lugar (una habitación, una mesa, un rincón, una biblioteca) donde puedas escribir sin demasiadas interrupciones.
2. Planifica tu tiempo y reserva una hora para la escritura. Tienes que encontrar la que mejor se adapte a tu ritmo de escritura. Defiéndelo como una conquista personal.
3. Entra en la escritura con el mismo espíritu con el que un niño entra en el juego. Sumérgete en ella hasta que sólo existas tú y tu cuaderno.
4. Encuentra el tiempo y lugar más apropiado para ti. Prueba a escribir en distintos lugares y a distintas horas.
5. Prueba a escribir también con distintos materiales (hojas en blanco, un cuaderno cuadriculado, una máquina de escribir, un ordenador personal; con pluma, bolígrafo o lápiz...).
6. Recuerda que no hay lugares, tiempo o materiales que sean unos mejores que otros. Valen los que a ti te valgan. Y, a veces, conviene variar.
PONTE A ESCRIBIR
Redistribuye tu tiempo y tu espacio. Hazte un plan para empezar a escribir cada día en un lugar y una hora determinadas. Reserva un espacio privado; puede ser una mesa, un cajón, un estante de la librería, una carpeta con separadores, una caja de zapatos..., donde almacenar tus materiales preferidos de escritura: cuaderno, folios, lápiz, pluma, apuntes o libros sobre el tema. Defiende ese pequeño territorio y tiempo de libertad e independencia tuya con firmeza, o en un escondite o, si es necesario, con llave. Ponlo en marcha. No te desanimes. A las cuatro semanas nadie, ni siquiera tú, podrá dudar que ese espacio y ese tiempo te pertenece.
Hay un espacio real, lógico, en el que vivimos. Es un mundo visible y objetivo, palpable, común, en el que nos movemos con cierta soltura. Pero también existe otro espacio, el de los sueños, que parece igualmente verdadero, al menos cuando estamos inmersos en él, pero que no podemos controlar. Ese espacio de los sueños, al que nos vemos arrastrados cada noche, funciona con la lógica que se nos escapa, es irreal, y habitualmente nos parece absurdo. Está ahí, sin duda, y aunque lo fabriquemos nosotros mismos, desde el inconsciente, apenas podemos entenderlo. Es otro mundo. Pero hay un tercer espacio que no es ni uno ni otro. O, mejor dicho, que es un poco uno y un poco otro. Es un lugar fronterizo entre la realidad y el sueño, un lugar intermedio, que el psiquiatra D. W. Winnicott llama "espacio transicional".
Básicamente podría decir que el espacio físico adecuado para la escritura es el mismo que el espacio adecuado para estudiar. Tal vez de entre los mejores está el de una mesa ordenada, con algunos libros de consulta a mano (diccionario, libros de estilo, nuestro autor preferido...), un cuaderno agradable, una pluma o bolígrafo que escriba bien, a veces un ordenador, temperatura agradable (ni frío, ni calor), un foco de luz a la izquierda (o a la derecha para los zurdos), sin gente alrededor que nos distraiga y, por supuesto, sin un televisor encendido tratando de atrapar nuestra atención. Son los consejos que le daríamos a cualquier estudiante que quisiera mejorar sus hábitos de estudio. Y son lo que yo doy para mejorar las condiciones previas para la escritura. y concentracion para la creatividad
Yo estoy convencido de que los escritores, sobre todo, se hacen. Es cierto que uno puede nacer con una mayor o menor sensibilidad artística, pero eso vale de poco si no se moldea. Durante muchos años los escritores se moldearon solos –o casi, que las tertulias y los amigos escritores hacían muchas veces el papel que hace ahora un taller-, a base de leer y escribir como posesos. Ahora los talleres pueden allanarnos el camino. No es que nos vayan a liberar de escribir o leer una sola línea, al contrario, pero sí que van a orientarlas de forma que en menos tiempo podamos adquirir una formación más completa y estructurada. Yo siempre digo con orgullo y gratitud que aprendí casi todo lo que sé de mis maestros en talleres de escritura o en tertulias que funcionaban de forma similar. No nací tocado por la pluma de un ángel, no.
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